
Mucho se viene diciendo respecto del cuidado del planeta atendiendo a las necesidades medioambientales, recursos naturales y múltiples aspectos que hacen de este uno de los mas temas mas variopintos y difícil de abarcar y por lo tanto de comprender.
Me interesa en esta ocasión señalar algunas pistas respecto al tema, sobre como entrar en el de una manera propia, adecuada a nuestras condiciones y por tanto mas efectiva.
Para esto resulta útil y decisivo el saber diferenciar dos conceptos que muchas veces se trasponen y confunden que son, por una parte “el planeta” y por otra “el mundo”. A simple vista ambos podrían ser sinónimos y de hecho en demasiadas ocasiones se hace así, pero desde una perspectiva mas comprensiva nos podremos dar cuenta de su radical diferencia.
Primero que todo, ambos conceptos no son dos lugares excluyentes, como podrían ser el bosque y la ciudad, por tratar de hacer una analogía apresurada, son mas bien dos aspectos básicos en nuestro modo de habitar, dos modos, dos tipos de acciones, cosas que hacemos todo el tiempo, donde hay algunas de un tipo y luego al minuto siguiente otra y así sucesivamente.
Explico a través de algunos ejemplos de acciones cotidianas. Mientras estamos en la fila para pagar nuestros productos en la caja del supermercado estamos realizando una acción básicamente “mundana”, desde que entramos al recinto, paseamos entre las góndolas y elegimos lo que cenaremos unas horas mas tarde, todo esto pertenece al tipo de acciones propias del “mundo”. Pero en ningún caso lo es “comer”. Comprar es “mundano”, comer es “planetario”. Planetarias son también acciones del tipo respirar, dormir, hacer pipí, correr, mirar las flores y olerlas, tener un orgasmo y sentir deseo y atracción, y así muchísimas otras que en términos generales tienden a estar relacionadas a procesos vitales que remiten al metabolismo de la biosfera de la cual somo agentes queramoslo o no.
Por otra parte, las acciones del “mundo” entre las que se encuentran leer el periódico, meterse al facebook , sacarle punta al lápiz o escribir un manifiesto, nos ponen siempre en un plano donde debemos comparecer junto al mundo de la cultura, experimentar su lenguaje, su tradición e historia, inscrita en cada uno de sus objetos y modos de producción. Al ponernos en contacto desde que aprendemos un lenguaje y producimos una identidad para nosotros mismos y lo que nos rodea somos parte también del mundo en tanto seres lingüísticos.
Así podemos ir descubriendo y reconociendo desde nosotros mismos, en nuestros hábitos, necesidades y producciones cómo opera “el planeta”, pues no es gratuito el que seamos parte de el, es mas profundo, somos él también, en tanto respiramos, comemos... Mientras podamos reconocer esta característica planetaria podremos empezar un “real cuidado del planeta” pues estaremos operando sobre aspectos sobre los cuales tenemos un control muchísimo mas efectivo y sobre todo mas prudente y coherente.
Algunos ejemplos mas para entender mejor la dirección. Respetar el planeta significa respetar el sueño, cuando dormimos estamos experimentando una acción que le pertenece al planeta, en este estado no somos dueños de la situación, aunque seamos protagonistas de lo soñado, los antiguos ya sabían esto y reconocían que el sueño era cuestión de los dioses y a el se entregaban como una experiencia incluso reveladora.
Cuidar el planeta significa comer cuando tenemos hambre y comer lo que el cuerpo nos pide. Cuidar el planeta significa mantener una prudencia mínima frente a lo que nos hace estar vivos, significa cuidarnos en primer lugar a nosotros mismos, aprender a querer la vida nuestra, que lo es de todos los seres que amamos, queremos y con quienes la compartimos, como nuestra mascota, la planta que pongo en la ventana o la que me como porque es rica. Son este tipo de cambios los mas radicales y realmente contraculturales. Pues para operarlos no necesitamos al sistema, sus reglas ni condiciones, nos movemos antes de los medios, en la inmediatez de la vida misma, área que insisto debe ser cultivada.
No es aceptable seguir promoviendo acciones “mundanas” bajo el titulo de que son para el cuidado del planeta, en demasiadas ocasiones podemos ver que alguna publicidad nos propone comprar un producto que “cuida el planeta”, lo cual es totalmente contradictorio, incluso ofensivo, esta bien que algún producto sea menos nocivo, pero nunca estaremos cuidando el planeta “comprando”. Pues estos mismos productos o acciones mediatizadas implican para su operación un movimiento mundano en alto grado de descuido como en su facturación y transporte por ejemplo.
Se trata de empezar a cuidar lo que tenemos de planetario cada uno, pues en sentido estricto el planeta no es “un lugar”, somos nosotros mismos, respirando día a día, relacionándonos en el metabolismo vital, con todos los seres.
Me interesa en esta ocasión señalar algunas pistas respecto al tema, sobre como entrar en el de una manera propia, adecuada a nuestras condiciones y por tanto mas efectiva.
Para esto resulta útil y decisivo el saber diferenciar dos conceptos que muchas veces se trasponen y confunden que son, por una parte “el planeta” y por otra “el mundo”. A simple vista ambos podrían ser sinónimos y de hecho en demasiadas ocasiones se hace así, pero desde una perspectiva mas comprensiva nos podremos dar cuenta de su radical diferencia.
Primero que todo, ambos conceptos no son dos lugares excluyentes, como podrían ser el bosque y la ciudad, por tratar de hacer una analogía apresurada, son mas bien dos aspectos básicos en nuestro modo de habitar, dos modos, dos tipos de acciones, cosas que hacemos todo el tiempo, donde hay algunas de un tipo y luego al minuto siguiente otra y así sucesivamente.
Explico a través de algunos ejemplos de acciones cotidianas. Mientras estamos en la fila para pagar nuestros productos en la caja del supermercado estamos realizando una acción básicamente “mundana”, desde que entramos al recinto, paseamos entre las góndolas y elegimos lo que cenaremos unas horas mas tarde, todo esto pertenece al tipo de acciones propias del “mundo”. Pero en ningún caso lo es “comer”. Comprar es “mundano”, comer es “planetario”. Planetarias son también acciones del tipo respirar, dormir, hacer pipí, correr, mirar las flores y olerlas, tener un orgasmo y sentir deseo y atracción, y así muchísimas otras que en términos generales tienden a estar relacionadas a procesos vitales que remiten al metabolismo de la biosfera de la cual somo agentes queramoslo o no.
Por otra parte, las acciones del “mundo” entre las que se encuentran leer el periódico, meterse al facebook , sacarle punta al lápiz o escribir un manifiesto, nos ponen siempre en un plano donde debemos comparecer junto al mundo de la cultura, experimentar su lenguaje, su tradición e historia, inscrita en cada uno de sus objetos y modos de producción. Al ponernos en contacto desde que aprendemos un lenguaje y producimos una identidad para nosotros mismos y lo que nos rodea somos parte también del mundo en tanto seres lingüísticos.
Así podemos ir descubriendo y reconociendo desde nosotros mismos, en nuestros hábitos, necesidades y producciones cómo opera “el planeta”, pues no es gratuito el que seamos parte de el, es mas profundo, somos él también, en tanto respiramos, comemos... Mientras podamos reconocer esta característica planetaria podremos empezar un “real cuidado del planeta” pues estaremos operando sobre aspectos sobre los cuales tenemos un control muchísimo mas efectivo y sobre todo mas prudente y coherente.
Algunos ejemplos mas para entender mejor la dirección. Respetar el planeta significa respetar el sueño, cuando dormimos estamos experimentando una acción que le pertenece al planeta, en este estado no somos dueños de la situación, aunque seamos protagonistas de lo soñado, los antiguos ya sabían esto y reconocían que el sueño era cuestión de los dioses y a el se entregaban como una experiencia incluso reveladora.
Cuidar el planeta significa comer cuando tenemos hambre y comer lo que el cuerpo nos pide. Cuidar el planeta significa mantener una prudencia mínima frente a lo que nos hace estar vivos, significa cuidarnos en primer lugar a nosotros mismos, aprender a querer la vida nuestra, que lo es de todos los seres que amamos, queremos y con quienes la compartimos, como nuestra mascota, la planta que pongo en la ventana o la que me como porque es rica. Son este tipo de cambios los mas radicales y realmente contraculturales. Pues para operarlos no necesitamos al sistema, sus reglas ni condiciones, nos movemos antes de los medios, en la inmediatez de la vida misma, área que insisto debe ser cultivada.
No es aceptable seguir promoviendo acciones “mundanas” bajo el titulo de que son para el cuidado del planeta, en demasiadas ocasiones podemos ver que alguna publicidad nos propone comprar un producto que “cuida el planeta”, lo cual es totalmente contradictorio, incluso ofensivo, esta bien que algún producto sea menos nocivo, pero nunca estaremos cuidando el planeta “comprando”. Pues estos mismos productos o acciones mediatizadas implican para su operación un movimiento mundano en alto grado de descuido como en su facturación y transporte por ejemplo.
Se trata de empezar a cuidar lo que tenemos de planetario cada uno, pues en sentido estricto el planeta no es “un lugar”, somos nosotros mismos, respirando día a día, relacionándonos en el metabolismo vital, con todos los seres.