viernes, 4 de septiembre de 2009

POLITICAS DEL CAMBIO - LA HORA DE LAS PERSONAS


Entre las políticas propuestas en la actualidad se presentan muchas veces aquellas que invitan a un “cambio”, mostrándose a si mismas como la posibilidad de entrar a un momento especial donde se dejaría atrás las políticas tradicionales y sus males, como el descuido de las personas, el anhelo de poder, el complot con los bloques económicos, etc. A simple vista tendrían sentido mientras no se profundice en sus propias propuestas, en los contenidos de sus políticas, pues solo se muestran como un cambio, como una alternativa, osea en principio no es una chance propositiva, sino mas bien reactiva frente a las políticas mas tradicionales y conservadoras.

Estas políticas del cambio están surgiendo y habitando un síntoma general de la población mundial, que realmente por una parte necesita un cambio y por otra ya esta cambiando, en efecto, quieran o no quieran el cambio esta ocurriendo, y viene ocurriendo a un nivel muchísimo mas profundo y concreto que cualquier política o administración convencional. Poco a poco ha estado emergiendo en medio de nuestra sociedad de mercado hipercomunicada nuevas posibilidades de vida, la sociedad se complejiza a tal grado que ni ella misma logra comprender, ya no podemos proyectarnos ni imaginarnos nuestro futuro próximo pues los factores que inciden en las condiciones socioambientales están cada vez mas en manos de personas que nacieron y se criaron en entornos que hasta hace algunas décadas ni siquiera exisitían. Las personas son diferentes y tienen diferentes necesidades, la hiperinformación a permitido distintos grados de especialización y cultivo social, que le han dado a su vez a las personas la posibilidad de ser lo que realmente quieren ser y lo mas importante, que este modo de ser que eligieron sea sostenible. Me refiero aquí desde el mundo de la ciencia y el arte hasta las tribus urbanas y comunidades virtuales.

Ocurre que esta posibilidad, estas herramientas que se han puesto en manos de las personas las están llevando a un tipo de vida “de culto”, es decir, una vida basada en el cultivo de determinada disciplina o tendencia, la cual desemboca no como se esperaba en la disociación ni en la alienación respecto lo social, sino que activa precisamente lo que es la “comunidad”, pues estas disciplinas o tendencias solo se validan en el encuentro, el roce y el intercambio entre sus pares y es algo que vemos tanto en la realidad urbana como en la realidad virtual, osea está a la vista que las personas si bien utilizan fuertemente la internet tienden inevitablemente a “juntarse”.

Es este tipo de fenómeno el que viene a descolocar a las políticas convencionales, pues al interior de las comunidades ya están operando nuevas reglas, nuevos valores, éticas, y nuevas formas de intercambio, y mientras la política tradicional siga postulándose como una política “para todos”, para todos los ciudadanos que son iguales ante la ley se le seguirán escapando todas estas personas que ya están organizadas en pequeños y medianos grupos de interacción personalizada. Osea una política “genérica” y convencional solo rige a ciudadanos “genéricos” y convencionales, a las personas aisladas, individualizadas y sin identidad autopoiética, personas que dejaron que su identidad quedase aclarada por su país y su genero desde que nacieron y se inscribieron en el registro civil, que no es algo extraño mientras sigan siendo mayoría.

Las nuevas formas de organización apuntan a un cambio cualitativo en las políticas, partiendo de la premisa de que ninguna política basada en la identidad puede generalizare ni menos regir de manera soberana sobre un determinado territorio. Una política realmente nueva estaría basada no en la identidad nacional ni individual, sino en la “diferencia”, es decir, parte desde el reconocimiento de que todas las personas y grupos pueden ser diferentes y autónomos, osea que pueden generar sus propias políticas, lenguas o credos, y mientras sigan existiendo los territorios nacionales sus políticas ejecutivas, legislativas y judiciales deberán limitarse con prudencia y humildad a velar por la libertad total de estas personas y grupos que están creciendo, y reparar, mejorar y cuidar a las personas y grupos que sigan propagando síndromes como la violencia, que existen aun como resultado de las malas practicas de represión y prepotencia de las tradicionales políticas de la identidad.


Este es un punto muy importante, pues si afirmo que las políticas convencionales que aun rigen nuestro territorio deben entrar en una especie de declinación tolerante frente a los nuevos grupos y personas (y no tan nuevos como los mapuches, por ejemplo), otorgándoles una libertad total y autonomía, esto conlleva a que podrían hacer lo quieran hacer, pero ojo, que esto no incluye en ningún grado síndromes como la violencia o estados depresivos, pues lo que se está auspiciando y fomentando con libertad y tolerancia es a grupos y personas que desarrollen su identidad a partir de su diferencia, es decir que cultivan lo que “quieren ser en verdad” pero es algo muy distinto la violencia, la depresión y el miedo pues estos elementos solo son negaciones de lo anterior, osea no son actos propositivos ni afirmativos ni sustentables, son síndromes que padecen personas y grupos reprimidos por otras violencias anteriores que los marcaron, traumaron o desviaron, de su ser esencial, por lo tanto no están siendo lo que podrían ser en verdad, no están usando sus capacidades mas ricas. Deberán ser así estas personas cuidadas y tratadas como cualquier persona que haya sufrido un accidente, con tratamientos físicos, psicológicos, rehabilitación y todo lo necesario al caso y todo lo que le permita a la persona convaleciente de miedo, violencia o depresión reencontrar su ser mas original y poder desarrollarlo, lo cual es lo único que le permitirá realmente “recuperarse”, encontrarse consigo, con su singularidad e identidad perdida.

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